mayo 09, 2006

Un Topo discriminador

El domingo 9 de abril, en la Teleguía apareció un comentario de "El Topo" que comentaba la visita de Ignacio Sánchez a Talamanca. A continuación reproducimos el comentario y abajo aparece la carta enviada por Abelardo Morales (miembro de la red) a Teleguía.


El Topo, domingo 9 de abril de 2006.

Y hablando de accidentes, al que le fue como un quebrado en una visita que hizo la semana antepasada a Talamanca, fue a Ignacio Sánchez. Junto a su “crew” –como dicen en ese ambiente- se internaron en lo profundo de esa zona montañosa para grabar un episodio de su nuevo programa (sin nombre todavía pese a que le han llovido sugerencias), en una comunidad indígena tan lejana que decidieron hacer el viaje por aire. La gira, programada para tres días, se convirtió en una ingrata espera por un imprevisto de la naturaleza: el mal tiempo se negaba a dejarlos salir. Y para que vean que cuando todo sale mal siempre puede empeorar: ¡el traductor que se llevaron podía comunicarse en lengua guaymí, pero en Bajo Blei, donde quedaron anclados, hablan cabécar!

La cosa llegó casi al drama cuando se vieron en medio de la nada, sin un gramo de comida. Entonces, no les quedó más que “tirársela” a puro ñame y yuca, que comían dos veces al día porque tampoco era que abundaba.

El viernes se almorzaron un gallo viejo que dicen que más bien tenía sabor a zopilote y en la noche cada uno cenó seis marsmelos. Cuando por fin pudieron recogerlos, dicen que lo primero que hizo Nacho fue engullirse tres hamburguesas gigantes en cosa de minutos. Diay sí, no era para menos.

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Y esta es la carta de respuesta de Abelardo:

¡Qué pena!

¡Qué pena el “accidente” que le sucedió a Ignacio Sánchez y a su crew “en lo profundo de esa zona montañosa”! En Bajo Blei. ¿Sabrá alguien dónde demonios queda ese lugar?¿Existe?

¡Qué pena por la “ingrata espera” en una comunidad indígena tan lejana!

¡Qué pena que la lluvia los secuestrara!

¡Qué pena que tuvieran que necesitar traductores y que el que encontraron no fuera políglota! ¡Realmente las cosas no podían ser peores! ¿Cómo es posible que haya gente que todavía no hable español y mucho menos inglés en Costa Rica?

¡Qué pena, además, que tuvieran que “tirársela a puro a puro ñame y yuca”! Y solo dos veces por día. ¡Qué pena que aquella gente, ¿alguien los conoce?, solo tuvieran eso que ofrecer!

¡Qué pena que el viernes les dieran un gallo viejo con sabor a zopilote!

¡Qué pena que tardaran tanto en recogerlos y que Nacho tuviera que “engullirse” tres hamburguesas gigantes en cosa de minutos!¡Qué pena que los indígenas no tuvieran un food court! ¡Qué atrasados!

Pero, realmente, qué pena que esos profesionales de la comunicación, si no lo hicieron, no hubieran aprovechado mejor su tiempo para “documentar” las difíciles condiciones de vida de aquella gente, ignorada y hundida en lo profundo de un país de injusticias.

Qué pena que en esa columna dedicada a peores temas, un episodio como éste no sirva para hacer conciencia sobre esa Costa Rica profunda y, por el contrario, se le use para reproducir, en contra de los indígenas, una serie de prejuicios étnicos con lo que nos hundimos en una sociedad cada vez más desigual e intolerante.

Se habrán dado cuenta, al menos, de que aquellos en medio de su pobreza, fueron hospitalarios y compartieron lo poco que tenían. Otros en medio de su ficticia grandeza reparten desperdicios. ¿Quién olerá más a zopilote? ¡Qué pena por ese periodismo fútil que nos invade!

“Diay si, no era para menos”.

Abelardo Morales Gamboa
Ced. 3-0226-0626
parruas@racsa.co.cr


1 comentario:

Julia Ardón dijo...

Hace poco tuve la dicha de ir a Cachabri, Talamanca y mi hijo de 14 años me dijo después de comer la delicia de comida que nos ofrecieron los anfitriones y anfitrionas bribris: "mami, esta es la comida más rica que he probado en la vida"
El plato era una hoja, sobre la hoja: pejibayes hervidos, arroz blanco,un pedacito de palmito hervido y otro pedacito de pollo, el fresco: fresco fresco de limón...sin hielo, a temperatura ambiente...una delicia...por la cena: patacones con arroz y pejibaye.

A mi también aquello me encantó, pero yo me sentí tan contenta de que Carlos Luis ( mi hijo) lo pudiera apreciar...además: fue un regalo. Nadie nos cobró el almuerzo.